Genji Monogatari (La Novela de Genji)

Ya sé que nadie se había dado cuenta (forever alone), pero estos últimos días he estado bastante ocupada y apenas si he pasado por casa, así que la sola idea de intentar escribir algo medianamente decente aquí acrecentaba mi ya extremo cansancio mental. Pero hoy, por fin puedo encontrar el tiempo y la(s) neurona(s) para hacer esta entrada, que tenía ganas de hacer casi desde que me compré el libro del que voy a hablaros hoy.

La Novela de Genji (en japonés Genji Monogatari, o mejor dicho, 源氏物語) es una larguérrima obra nipona escrita en el siglo XI por Murasaki Shikibu (que por cierto, es una mujer). En ella se nos narra la vida de Genji, el “príncipe resplandeciente”, un ser extremadamente hermoso y virtuoso en todos los sentidos, desde su nacimiento y hasta después de su muerte, continuando el relato con las peripecias de uno de sus hijos y otros familiares que le sobreviven.

Pese a la condición egregia de Genji, esta novela es un fidelísimo retrato de la sociedad y las costumbres de la aristocracia del período Heian, que, como bien indica su nombre (“hei” 平= “paz”, “an” 安= “tranquilidad”), fue una época caracterizada por casi cinco siglos de paz ininterrumpida; por tanto, no esperéis encontrar en este libro narraciones de batallas ni, en general, nada que recuerde a la épica, porque no lo hay, ni por asomo. El Genji Monogatari se desarrolla, además, casi exclusivamente en el entorno cortesano en el que viven Genji (hijo del emperador de su tiempo) y sus familiares y allegados, que, como suele ocurrir, representaba un porcentaje ínfimo de la población (nunca más del 5%, en Japón, en Europa y en todas partes).

Y entonces, os preguntaréis, ¿dónde se supone que reside el interés de un libro que se pasa cerca de 2000 páginas hablando de los sosos divertimentos del 1% de la población japonesa del siglo XI en una época de absoluta paz y tranquilidad? Pues precisamente en el personaje de Genji y sus relaciones con el mundo, especialmente con la parte femenina del mismo. Genji era un hombre extraordinariamente guapo según los cánones de su época (es decir, lo menos parecido a Brad Pitt que seáis capaces de imaginar), y si a eso le añadimos que era un virtuoso en todas las artes de moda del momento (tocar el koto y la flauta, cantar, practicar caligrafía, escribir poesía china, conocer los clásicos de la literatura japonesa y recitar algún verso en las ocasiones adecuadas, etc.), parece obvio que prácticamente todas las féminas se rindieran a sus encantos con poco más que un pose de mirada sobre su persona.

Sin embargo, la vida de Genji no es un camino de rosas de principio a fin, y sus incontables flirteos con incontables damas le provocarán más de un disgusto (exilio incluido, pero no pasa nada, porque una vez más nuestro charming prince sabrá sacarle provecho a su manera). Esta “poco ortodoxa” característica de la personalidad de Genji ha sido objeto de numerosas controversias: no son pocas los estudiosos (en realidad debería decir “estudiosas”…) que lo acusan desde de donjuán hasta de pedófilo, sátiro y demás lindezas por el estilo; sin embargo, hay tres razones fundamentales por las que este tipo de teorías caen por su propio peso: la primera es que Genji “vivió” en el siglo XI, así que no podemos, bajo ningún concepto, aplicarle los principios éticos y morales del siglo XXI, que para colmo están asentados en el cristianismo, y no en las religiones del mundo de Genji: el budismo y el sintoísmo; en segundo lugar, Genji era un miembro de la aristocracia, clase social en la que la poligamia estaba totalmente permitida, y para nada mal vista (sólo como dato, esto no ocurría en el pueblo llano, donde cada hombre sólo podía tener una mujer, y si quería estar con otra primero debía divorciarse de la primera).

Por último, y es esta la característica que distingue a nuestro príncipe resplandeciente de todos y cada uno de los galanes de la historia de la literatura universal, cuando Genji “se enamoraba” de alguna mujer y luego de otra, siempre, siempre ponía a la primera bajo su protección llevándosela a vivir a su casa (y si la dama en cuestión se negaba, él insistía hasta la saciedad). Este proceso se repite varias veces a lo largo de la novela (Genji es un ser extremadamente enamoradizo), pero como al fin y al cabo es un hijo del emperador y la persona más popular y admirada de la capital, su mansión era tan grande como un poblado entero, lo cual evitaba problemas de espacio y privacidad. Y, sobre todo, no podemos olvidar que Genji hacía esto no por compromismo ni por quedar bien ni nada de eso, sino porque realmente le importaba el bienestar de todas y cada una de las mujeres a las que alguna vez había amado. Obviamente la lectora actual podría escandalizarse ante semejante práctica, pero no sé, a mí me parece algo sumamente encantador por su parte xD.

Por otra parte, no podemos pasar por alto el ingente número de personajes que acompañan a Genji en el relato de su vida y milagros, entre los que sin duda destaca Murasaki, la niña de la que se enamora durante su adolescencia (no es tan terrible como parece, a partir de la un tanto laxa temporalidad de la novela, se calcula que se llevan alrededor de 9 años), y que se convertirá en la mujer que más llega a amar durante toda su vida y hasta su muerte, muy por encima de caprichos varios y su primera esposa oficial, la infortunada Aoi. En las notas de la edición que leí yo el traductor habla, creo que con bastante acierto, de tres generaciones de personajes: la anterior a Genji (con su padre, su madre, la esposa oficial de su padre, etc.), la del propio Genji (con Murasaki, Aoi y un larguíiiiisimo etcétera, pues es la que “protagoniza” el grueso de la novela), y la posterior a Genji, que pertenece sin duda a su “hijo” pequeño y a su nieto, ambos de la misma edad.

Son precisamente estos dos personajes (Kaoru y Niou, respectivamente) los que llevarán el peso de la novela tras la muerte de Genji, y aunque al principio creía que con este acontecimiento debía haberse acabado el Genji Monogatari, sus últimos libros, protagonizados por los susodichos, no tienen nada que envidiar a los de Genji. Niou es bastante parecido a Genji en cuanto a personalidad y, err… “costumbres”, si bien no demuestra la extrema preocupación por las mujeres que sí estaba presente en su abuelo, y Kaoru es sin duda mi personaje favorito de toda la novela, porque muestra una complejidad caracterológica única, y porque el gran perfilamiento de su personalidad contrasta con la vaguedad con la que Murasaki (la autora) “dibuja” a veces a otros personajes.

Resumiendo, que ya sabéis lo que os vais a encontrar en este libro, así que no voy a recomendarlo ni a dejar de hacerlo. Aun así, no cabe duda de que es una novela que a cualquier persona mínimamente interesada en la cultura japonesa y/o los relatos amorosos le gustará, y que su valor literario es incalculable, pues se la considera la primera novela japonesa. Y creedme, independientemente del contenido cultural del libro, los hechos narrados y la forma en que se cuentan hacen creer al lector que está leyendo una novela del siglo XXI. Es increíble.

En fins, espero poder actualizar esto más a menudo a corto plazo ^^u.

Hasta la próxima~

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3 comentarios en “Genji Monogatari (La Novela de Genji)

  1. para quien no lo sepan ay un manga donde hablan de el libro en si esta basado en el……por eso quiero consegir el libro y leerlo………………………..aaaaaaaaaaaaaammmmmmmmmmm……………el la ciudad de mexico donde lo puedo encontrar

  2. solo he leido el manga en que se menciona el libro y siempre me pareció muy interesante y tu explicación acerca de la el personaje de genji es muy similar al kaoru en el manga aunque aun no encuentro el libro ni un pdf preferiría el libro

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